En abril de 2018, el fotógrafo submarino Ryo Minemizu observó una criatura del tamaño de una mariquita flotando a unos 50 pies bajo el agua frente a la costa de Okinawa, Japón. La cosa parecía una medusa, con un centro de forma amarilla con tentáculos tenues y arrastrados. Minemizu publicó fotos de la criatura en las redes sociales, pero nadie ha podido descifrar al misterioso nadador. Ni siquiera pudieron descubrir su filo, una categoría taxonómica clasificada justo debajo del reino, lo que significa que es increíblemente amplia (ejemplos de filo incluyen artrópodos, moluscos y cordados).
Ahora, en un artículo publicado recientemente en la revista Biología actual, un equipo de científicos dice haber identificado a la extraña criatura, que en realidad no es un animal individual, sino 1.020 gusanos parásitos que se aferran unos a otros en un grupo parecido a una masa. En lo que respecta al boato parasitario, este puede ocupar el primer lugar entre Leucocloridium paradoxum, que convierte a los caracoles en zombis psicodélicos.
Minemizu recogió una sola muestra del animal y la embotelló en formaldehído para que los investigadores pudieran estudiarla. Los científicos examinaron el pequeño espécimen bajo un microscopio y descubrieron que la medusa estaba formada por dos tipos de cercarias, que son las formas larvarias de gusanos parásitos llamados trematodos. Los trematodos tienen algunas de las los ciclos de vida más locos de todas las criaturas del planeta.
Los trematodos comienzan su vida como huevos, que a menudo se liberan en los excrementos de un pájaro, un mamífero o un pez. Luego, el huevo eclosiona y toma la forma de un salami peludo que nada en el agua. Este salami encuentra su primer huésped, quizás un caracol. Una vez que el gusano entra en el caracol, se clona en cercarias que nadan libremente, expulsadas del huésped en busca de su próxima presa, que puede ser un pez o un mamífero que se los trague. Este ciclo continúa hasta completar su ciclo de vida.
El espécimen de Okinawa contenía más de 1.000 cercarias organizadas en un hemisferio, con «marineros» más grandes y en la parte inferior que agitaban sus colas como un movimiento coordinado, imitando a una medusa real. Este fenómeno es un ejemplo inquietante de cómo los organismos pueden unirse para aumentar sus posibilidades de sobrevivir al ser consumidos por sus anfitriones, ya que en la masificación se suma una nueva estrategia de supervivencia.
Cuando los investigadores secuenciaron fragmentos del genoma del gusano, las coincidencias más cercanas estaban en Pleorchis, que pertenece al mismo linaje de los trematodos, aunque se desconoce la especie exacta de estos organismos fascinantes. Esta sorprendente historia de transformación entre gusanos hace eco del fenómeno más amplio en el que los organismos se agrupan para maximizar sus posibilidades de supervivencia en un ecossistema complejo.
¿Son 1.020 gusanos reunidos con la forma aproximada de una medusa un signo que recuerda extrañamente a un ángel bíblicamente exacto? Quizás, pero lo más seguro es que esto sea un signo de evolución, que refleja las dinámicas en la naturaleza sobre cómo los organismos a menudo se ven obligados a adaptarse, colaborar e imitar a sus predadores para sobrevivir en un mundo vasto y hostil.