Sé lo que es luchar para respirar con un ventilador

En su libro titulado «Soñemos juntos. El camino hacia un futuro mejor», el Papa Francisco comparte tres experiencias personales relacionadas con la COVID-19 que han marcado su vida. Estas reflexiones ofrecen un vistazo a las luchas y aprendizajes que ha adquirido a lo largo del camino, convirtiéndolo en una figura más empática y comprensiva hacia aquellos que sufren.

Un viaje personal a través de la enfermedad

La historia comienza con una experiencia que el Papa vivió en su juventud. A los 21 años, se enfrentó a una enfermedad grave que amenazaba su vida. Recuerda la incertidumbre que sintió en esos momentos, preguntándose si sobreviviría o no. Durante meses, estuvo en un estado de enigma médico, sin respuestas claras. «Recuerdo que le pregunté a mi madre si me iba a morir», dice con nostalgia. Este episodio no solo lo marcó físicamente, sino que también influyó en su manera de ver la vida.

El recuerdo de los verdaderos héroes

En su relato, destaca la importancia de quienes lo cuidaron durante su enfermedad. Menciona especialmente a dos enfermeras, Sor Cornelia Caraglio y Micaela, quienes jugaron un papel crucial en su recuperación. «Ellas lucharon por mí hasta el final, hasta mi recuperación», dice el Papa, remarcando la importancia de la atención personalizada y el compromiso de los profesionales de la salud.

Lecciones sobre el enfermo y el consuelo

El Papa también reflexiona sobre el consuelo, mencionando que muchas palabras pueden ser vacías y no proporcionar el verdadero alivio que los enfermos necesitan. Un recuerdo entrañable que comparte es el de una monja que, en silencio, le tomó la mano y le brindó el apoyo que necesitaba. «No necesitaba decir nada más», replica el Papa, enfatizando el poder del silencio y la empatía en momentos de sufrimiento.

El exilio y la soledad como aprendizajes

La segunda experiencia que Francisco aborda es su tiempo en Alemania en 1986, un periodo que él llama el «Covid de exilio». Describe cómo se sentía aislado, como un sapo en otro pozo, lejos de su patria. Esta época lo enseñó a apreciar mejor su hogar y a reconocer la importancia de la comunidad. La soledad en el exilio le permitió reflexionar sobre lo que realmente importa en la vida.

Un Covid del desarraigo

La tercera experiencia se sitúa en Córdoba entre los años 1990 y 1992, lo que él considera una «cuarentena». Este tiempo de aislamiento lo obligó a reexaminar sus ideas y a madurar en su espiritualidad. Así como el covid-19 ha desafiado a la humanidad, su «Covid personal» también lo transformó y lo hizo más comprensivo hacia los demás.

Paciencia y empatía

El Papa concluye sus reflexiones con una meditación sobre la paciencia. Reconoce que en momentos cruciales es importante entender que ciertos cambios requieren tiempo y que el proceso de sanación es orgánico. «Si sufres y permites que eso te cambie, sales mejor. Pero si te atrincheras, sales peor», expresa, resaltando la sabiduría que ha adquirido a través del dolor.

Concluyendo la enseñanza

El mensaje central del Papa, que se extrae de su vida y experiencias, es que, a pesar del sufrimiento, siempre hay espacio para el crecimiento personal y la reconexión con la humanidad. «Aprendí que la verdadera transformación ocurre cuando abrazas la vulnerabilidad y te permites ser tocado por las historias de otros», concluye, ofreciendo una luz de esperanza en estos tiempos de incertidumbre.

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Arnaud Chicoguapo

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