Durante semanas, la sensación en el gobierno fue que se había topado con un techo de cristal en cuanto a inmunización. Ahora, de repente, el Primer Ministro está presionando para que muchos más israelíes se arremanguen. ¿Por qué el cambio?
Naftali Bennett sorprendió al público el jueves con comentarios mordaces en los que afirmó que quienes no se vacunan «ponen en peligro su salud, la de quienes los rodean y la libertad de todos los ciudadanos israelíes». Este cambio de tono ha sido notable, considerando que durante gran parte de la pandemia, las declaraciones de los funcionarios electos fueron mucho menos contundentes.
“Cualquier ciudadano mayor de 12 años que no tenga una razón médica para no vacunarse debe ir a por la vacuna”, afirmó Bennett con urgencia. Resaltó que existen alrededor de un millón de israelíes que han decidido no vacunarse, y que su decisión pone en peligro a toda la población, lo que ha llevado a reiterar sus llamados a la vacunación.
No está claro exactamente qué provocó el cambio de tono de Bennett, pero ahora está claro que un grupo de influentes expertos de la Universidad Hebrea ha instado al gobierno a restablecer el Green Pass y a adoptar medidas más estrictas para fomentar la vacunación entre la población. Un experto, el profesor Nadav Katz, explicó que es crucial recuperar la tasa de transmisión a niveles más manejables.
“Aproximadamente la mitad de los no vacunados tienen que unirse al grupo de personas que han sido vacunadas para realmente marcar la diferencia”, indicó Katz. Esto implicaría que una campaña de vacunación debe enfocarse en jóvenes, quienes son los que actualmente muestran la mayor resistencia a ser inmunizados.
La urgencia por vacunar a más personas se ha visto impulsada también por el creciente número de casos de infección, lo que ha generado que algunos expertos sugieran que es necesario que el gobierno implemente políticas claras para fomentar la vacunación.
El enfoque de Bennett ha cambiado drásticamente y, aunque no se sabe a ciencia cierta si esto tendrá éxito, su administración se da cuenta de que cuanto más rápido se vacune a la población, más cerca estarán de controlar la situación sanitaria. Este esfuerzo implica una mayor comunicación y, tal vez, la implementación de incentivos para las personas que aún se muestran renuentes a ser vacunadas.
Bennett también ha enfatizado la importancia de la vacunación en grupos vulnerables, es decir, aquellos que tienen 60 años o más, siendo ellos los más afectados durante la pandemia pero que no han sido capaces de recibir la atención necesaria. Así, las autoridades sanitarias buscan aumentar la aplicación de dosis en estos sectores.
El debate sobre el equilibrio entre la salud pública y las libertades individuales se ha intensificado. La administración de Bennett enfrenta un complicado desafío, donde la presión por inocular a la mayor cantidad de personas sin socavar los derechos individuales es sumamente delicada.
En resumen, la reciente decisión del Primer Ministro de tomar una postura más agresiva con respecto a los no vacunados busca salvaguardar la salud pública y proteger a todos los ciudadanos israelíes, particularmente en un momento en que la variante Delta del virus sigue siendo una preocupación significativa. Todo ello plantea un saludable diálogo sobre cómo deben abordarse las crisis de salud pública a futuro.