Estudiante de Duke muere en terremoto en Turquía, hermano comparte lucha para encontrarla

El devastador terremoto en Turquía y Siria dejó una huella imborrable, pero también historias de lucha y esperanza. Samar Zora, una estudiante de posgrado de la Universidad de Duke, fue una de las más de 41.000 vidas que se perdió tras el seísmo de magnitud 7,8 que azotó la región el pasado 6 de febrero. Su hermano, Saad Zora, compartió la angustiante búsqueda para encontrar a su gemela, un relato que es tanto de desesperación como de solidaridad.

La historia de Samar Zora

Samar Zora estaba en medio de un emocionante viaje de investigación que la llevaría a descubrir las ciudades más antiguas de Turquía y más allá. Apenas había completado sus clases y exámenes cuando su carrera se interrumpió trágicamente. Según su hermano, ella siempre fue una intelectual apasionada, adicta al estudio y al crecimiento personal. «Era una trabajadora incansable que soñaba con cambiar el mundo», destacó Saad.

La búsqueda desesperada

Después del terremoto, Saad, desde su hogar en Canadá, comenzó una intensa búsqueda de su hermana. Sabía que ella se encontraba en Antakya, el corazón del epicentro del seísmo, pero no conocía su paradero exacto. Con cada llamada y mensaje, la ansiedad aumentaba. Finalmente, logró rastrearla hasta un edificio que había quedado en ruinas.

Junto a su hermano mayor Manara y Summer Steenberg, otra estudiante de posgrado de Duke, Saad partió hacia Turquía. «No podía dejar que se fuera solo», indicó Steenberg, quien canceló su propia búsqueda en el Kurdistán iraquí para unirse a él. La solidaridad entre compañeros se volvió crucial en esos momentos críticos.

La condición en el lugar de desastre

Al llegar a Antakya, la realidad era devastadora. Fueron recibidos por vistas de escombros y familias en busca de sus seres queridos. «Las condiciones eran horribles; estábamos rodeados de desesperanza», dijo Saad. El esfuerzo era monumental: montaron tiendas de campaña y pasaron noches en el frío, luchando por mantener la esperanza viva.

Saad, con la ayuda de equipos de rescate internacionales, pudo dirigir a los rescatistas de Corea del Sur y Hungría hacia donde creía que estaba su hermana. «Sin su ayuda, no habríamos logrado nada», expresó, mostrando gratitud por el trabajo de los equipos de rescate. Sin embargo, pronto se convirtió en una misión de recuperación, donde la esperanza se tornó sombría.

El desenlace desgarrador

En una búsqueda que duró horas y continuó a través de largas noches, Samar Zora fue finalmente localizada. Saad recordó cómo el casero de su hermana reconoció sus pertenencias, dándole un indicio de que estaban cerca. «Era el final de la búsqueda, pero ahora teníamos que enfrentar el duelo», recordó, su voz carga de dolor.

El cuerpo de Samar fue trasladado a Kuwait, su tierra natal. Aunque su viaje había llegado a un trágico final, su familia no descansa. Saad declaró que su lucha no había terminado: «Esperamos ayudar a otros que aún están buscando y orando por sus seres queridos». Su historia ha llamado la atención y se ha convertido en un símbolo de la resiliencia humana en momentos de crisis.

Conclusión

La historia de Samar Zora no solo es una tragedia individual, sino también un recordatorio del impacto de desastres naturales en las vidas de muchas personas. La comunidad, las universidades y el mundo deben unirse para ayudar a aquellos que sufren y para recordar a los que perdieron sus vidas en esta catástrofe.

Después de la tragedia, la familia Zora espera que la Universidad de Duke reconozca los logros y la dedicación de Samar, considerando la posibilidad de otorgarle un título honorario como un homenaje a su vida y contribución.

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Arnaud Chicoguapo

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