En un universo donde la vida podría existir en formas que apenas comenzamos a comprender, una nueva investigación ha arrojado luz sobre la posibilidad de que capas de hielo extraterrestres sirvan como conductos de nutrientes vitales para cualquier vida que pudiera habitar en los vastos océanos de planetas lejanos. Esta investigación sugiere que el hielo VII, una forma exótica de hielo que se forma bajo presiones extremadamente altas, podría jugar un papel crucial en la transferencia de sales y otros compuestos esenciales desde el núcleo de estos mundos hasta sus océanos.
Condiciones extremas en los mundos oceánicos
El agua es una de las moléculas más prevalentes en el universo, y es muy posible que existan más planetas cubiertos de agua que planetas secos como la Tierra. Por ejemplo, determinados planetas en el sistema TRAPPIST-1 junto con otros como GJ 1214b, Kepler-62 y Kepler-62f son considerados mundos acuáticos. Las condiciones en el fondo de estos océanos son tan extremas que el agua se comprime, formando hielo de alta presión, conocido como hielo VII.
Características del hielo VII
El hielo VII se establece en estructuras cristalinas cúbicas y puede existir a presiones superiores a 3 gigapascales (alrededor de 29,000 atmósferas) y temperaturas de hasta 350 grados Celsius. Esto representa un entorno hostil e inhóspito, pero también un potencial increíble para la realización de vida.
Transporte de nutrientes a través del hielo
Un aspecto fascinante sobre el hielo VII es su capacidad para contener cristales de sal, lo que permite que los nutrientes se desplacen desde el núcleo rocoso del planeta. A diferencia del hielo normal que tiende a expulsar la sal cuando se congela, el nuevo modelo de hielo VII sugiere que puede transportar hasta un 2.5% de su peso en cloruro de sodio, comúnmente conocido como sal de mesa. Esta sal aumenta el flujo de convección térmica, ayudando a llevar nutrientes hacia el océano líquido, e indica que estos mundos podrían ser más habitables de lo que se pensaba.
Flujo global y la habitabilidad
Según Jean-Alexis Hernandez, el líder de la investigación, el flujo de sal no solo podría moverse hacia arriba desde el núcleo, sino también hacia abajo. Este flujo es crucial ya que permite la circulación de nutrientes esenciales. Aunque la presencia de nutrientes no asegura la existencia de vida, sí aumenta las probabilidades de que estos mundos sean habitables.
Implicaciones para la búsqueda de vida
Los consecuentes hallazgos han ampliado el rango de planetas que podríamos considerar potencialmente habitables, incorporando además supertierras con mantos de hielo de alta presión. Esto genera nuevas consideraciones para las exploraciones futuras, no solo de mundos fuera de nuestro sistema solar, sino también de las lunas heladas dentro de nuestro propio sistema, como Europa y Ganímedes.
Estudios futuros en el sistema solar
Próximas misiones como JUICE (Jupiter Icy Moons Explorer) de la Agencia Espacial Europea y la misión de Dragonfly de la NASA a Titán, se centrarán en el estudio de estos ambientes extremos. La información que estas misiones recojan podrá ser vital para comprender la dinámica del hielo de alta presión y cómo afecta a la habitabilidad en lunas como Calisto y Ganimedes, que podrían contener los elementos necesarios para la vida.
La investigación fue publicada en la revista Nature Communications y representa un paso fundamental hacia la comprensión de la biocompatibilidad de otros mundos en nuestro vasto universo.