En un contexto geopolítico marcado por la evolución de Afganistán desde que los talibanes tomaron el control en 2021, el canciller chino Qin Gang ha instado a este movimiento a adoptar un enfoque más progresista e inclusivo en su gobierno.
Desde la caída del gobierno respaldado por Occidente, China ha sido uno de los actores que ha mantenido una relación con el gobierno talibán, aunque aún no lo ha reconocido oficialmente. Qin enfatiza la importancia de que los talibanes se alineen con la modernidad, mencionando que “deben aprender de las prácticas maduras de otros países musulmanes”.
Durante una reciente reunión con Amir Khan Mutaqi, el ministro de Relaciones Exteriores interino de Afganistán, Qin hizo un llamado a los talibanes de “mantener el compromiso de luchar contra el terrorismo”. Este compromiso es esencial para salvaguardar no solo las instituciones en Afganistán, sino también los intereses de seguridad de China. Se hace referencia al Movimiento Islámico de Turquestán Oriental (ETIM), un grupo separatista del norte de China que ha sido fuente de preocupación para el gobierno chino.
“Sobre la base del respeto por la independencia, la soberanía y la autoestima nacional de Afganistán, los vecinos deben guiar a los talibanes afganos para que sigan la tendencia de los tiempos”, afirmó Qin, continuando con su propuesta de apoyo en aspectos como la cooperación económica y campañas antidrogas.
Sin embargo, China no solo busca una relación bilateral, sino que también ha comenzado a llamar a la comunidad internacional a cooperar en este contexto. Es un movimiento calculado para posicionar a China como un actor mediador en la región, en un momento en que el consejo de seguridad de la ONU está profundamente involucrado en el abordaje de la situación humanitaria en Afganistán.
El canciller chino ha destacado la grave situación de seguridad relacionada con el terrorismo que persiste en Afganistán, abogando por un frente unido contra estas amenazas. Esto implica no solo la urgencia de una acción más efectiva del gobierno talibán, sino también el reconocimiento de que los problemas en Afganistán son parte de un paradigma que debe incluir la perspectiva de los vecinos regionales.
El gobierno talibán, aunque ha hecho esfuerzos para demostrar que ha cambiado desde su última administración, enfrenta continuas críticas y dudas, tanto dentro como fuera de Afganistán. A medida que continúan las conversaciones sobre colaboración internacional, se profundizan las tensiones con los países de la OTAN, que como se menciona, tienen que asumir la responsabilidad por la dura realidad actual del país bajo el régimen talibán.
Qin subraya que la comunidad internacional no debe olvidar su papel y responsabilidad en la crisis afgana. Las sanciones unilaterales impuestas al país tras la toma de control de los talibanes necesitan ser reconsideradas. “Los países de la OTAN deben levantar de inmediato las sanciones unilaterales contra Afganistán y devolver de inmediato sus activos en el extranjero para que se utilicen en beneficio de su pueblo”, sostiene el canciller.
Hay una clara dirección en el sentimiento de Qin hacia el fin de la intervención militar en Afganistán. Sostiene que ni Estados Unidos ni otras potencias deben juzgar el sistema afgano utilizando estándares occidentales, sugiriendo un reconocimiento de la singularidad cultural y política de Afganistán.
“Estados Unidos no debe buscar restablecer las fuerzas militares ni apoyar el terrorismo”, enfatiza Qin, señalando también que el terrorismo es una amenaza que “no solo afecta a Afganistán, sino a toda la región”.
Es evidente que mientras Afganistán navega por su futuro incierto, las palabras de Qin podrían marcar un punto de inflexión en la postura de China hacia el país, al mismo tiempo que incrementan las presiones para que los talibanes se adapten a un mundo en constante cambio y demanda de inclusión.