Charlette N’Guessan, pionera del reconocimiento facial en África

El mundo se enfrenta a retos cada vez más complejos, y en medio de esta complejidad, surgen innovaciones que pueden transformar sociedades enteras. Un claro ejemplo es el trabajo de Charlette N’Guessan, una emprendedora e ingeniera informática, quien se ha convertido en una figura pionera en el campo del reconocimiento facial en África.

Un contexto incierto y prometedor

La llegada de la pandemia de Covid-19 ha desafiado la forma en que interactuamos y nos mantenemos seguros. Charlette N’Guessan observa que, a pesar de las dificultades, esta crisis ha funcionado como catalizador para la innovación en el continente africano. «Con los desafíos que plantea Covid-19, el continente está despertando», afirma N’Guessan, destacando el potencial de la crisis para impulsar ideas nuevas y transformadoras.

El reto del reconocimiento facial

Aunque el campo del reconocimiento facial es innovador y tiene aplicaciones vastas, también presenta retos significativos, especialmente en África, donde la desconfianza hacia esta tecnología es palpable. Los algoritmos de reconocimiento facial existentes han sido criticados por su ineficiencia para identificar personas de color, lo que ha generado tasas de error alarmantes en contextos africanos.

Consciente de estos sesgos, N’Guessan unió fuerzas en 2018 con tres colegas en la incubadora de la Meltwater Entrepreneurial School of Technology (MEST) en Acra, Ghana. Juntos fundaron una startup que desarrolló Bace API, un software destinado específicamente a mejorar la precisión del reconocimiento facial en tonos de piel más oscuros. Su enfoque ha sido compilar un conjunto de datos diverso, reflejando la variedad de rostros del África subsahariana. “Al principio, incluso entrenamos a otros miembros de la incubadora”, recuerda N’Guessan con una sonrisa.

La ciberseguridad como prioridad

La seguridad cibernética se ha convertido en una de las principales preocupaciones del continente. Según un estudio de Serianu, un consultor de Kenia, los delitos cibernéticos costaron a las economías africanas 3,500 millones de dólares en 2017. La implementación de Bace API no solo busca ayudar en la identificación, sino también garantizar la seguridad en el sector financiero, que ha estado sufriendo grandes pérdidas debido al robo de identidad.

Reconocimientos a su labor

El trabajo de Charlette N’Guessan no ha pasado desapercibido; en septiembre de 2020, recibió el premio de la Real Academia de Ingeniería de África, una prestigiosa institución británica que reconoce innovaciones en el continente. Este galardón no solo proporciona visibilidad a su trabajo diario, sino que también incluye una dotación de 25,000 libras esterlinas, que le permitirá expandir su emprendimiento y seguir impulsando su misión de hacer del reconocimiento facial una herramienta accesible y eficaz en África.

Una voz para el futuro

Nacida en Abidján, Charlette ha sido influenciada por su entorno familiar, donde su padre era profesor de matemáticas y donde junto a sus cinco hermanas ha aprendido a no limitarse por el simple hecho de ser mujer. «Siempre me han animado a seguir mi camino y soñar con grandes cosas», dice N’Guessan, quien también destaca la importancia de fomentar el emprendimiento local.

  • Oportunidades en la educación: Las plataformas educativas en línea requieren sistemas de identificación robustos.
  • Transporte y servicios públicos: La identificación segura será clave en futuras elecciones y servicios esenciales.

Sin duda, el camino por recorrer está lleno de retos, pero Charlette N’Guessan es un ejemplo de cómo la innovación puede surgir de las dificultades, y cómo el compromiso con la ética y la justicia social puede guiar el desarrollo tecnológico de África.

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Arnaud Chicoguapo

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